miércoles, 10 de octubre de 2012

Try walking in my shoes

Siempre me he tomado la vida demasiado en serio. A mis treinta y seis años me doy cuenta de que todo esto no es más que un chiste. A veces, un mal chiste. En el instituto nos enseñan eso del "carpe diem" tan bonito: "aprovecha el momento", "atrápalo", "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Nos adoctrinan en que la vida son cuatro días y que dos ya han pasado. En el "cuando menos te lo esperas esto se acabó". Pero también en "tienes que ser alguien de provecho, labrarte un futuro, ser una persona independiente" (y no entro en detalles si encima eres mujer). Tú te lo crees todo a ciegas, (porque en el colegio se aprende precisamente eso: creer a ciegas porque te lo dice el profesor). Te pones tu meta profesional, sueñas con aquello que te gustaría ser y vas a por ello. Por el camino te tumban, (algunos lo consiguen, creo que aquellos que han tenido la suerte de tener a "alguien encima" constantemente, otros lo habrán logrado por sí mismos), te levantas, sigues a por ello, reelaboras tu sueño, estableces nuevos proyectos, te vuelven a tumbar. Y te vuelves a levantar y salen contratiempos. Y te vuelves a adaptar. Y te vuelves a levantar y a construir nuevos sueños. Y aparecen las obligaciones. Y te vuelves a caer. Y te vuelves a levantar. Y te vuelves a reinventar. Reinventas tus sueños, empiezas a recordar sólo lo que no te cause malestar, reinventando así también tu historia. Reinventas y reinventas y te adaptas y te vuelves a reinventar. ¿Y para qué? De pronto te plantas en 36 y te das cuenta de que sólo has hecho que reinventar y reinventarte una y otra vez, y que podrías ser funambulista de tanto caer, pues ahora cuando caes, ya ni siquiera rozas el suelo, levitas automáticamente y vuelves a aparecer en pie, como un tentetieso. 
A pesar de que lo sé, creo que sigo tomándomelo todo demasiado en serio. Y eso que soy de sonrisa fácil. Ni siquiera soy de los de visión de túnel. Yo tengo una idea y voy, abierta, barriéndolo todo con la mirada y el pensamiento horizontalmente, hasta que la alcanzo. Y tengo comprobado que así llego mucho antes. Mucho antes incluso que preguntando. Por no hablar de la satisfacción personal que reporta hallar la solución, el camino y la respuesta por ti mismo. Las personas con visión de túnel divisan el objetivo muy pequeñito al final del túnel y por el camino no ven nada. Perdiendo así opciones de su propio objetivo que quizás podrían ser interesantes. Yo llego a mi objetivo con una versión de "lo mejor posible hallado". El "visión de túnel" llega al objetivo tal y como lo tenía en mente, porque pregunta por ello o espera a ello, pero no se da cuenta de que en el tiempo que ha transcurrido encerrado dentro del túnel puede haber surgido o aparecido algo mejor.
La vida no hay que tomársela demasiado en serio. Ni hay que imponerse objetivos como salvar focas en el Ártico. Cuando menos te lo esperas ya no estás. 
Es duro ponerse en los zapatos de otro, pues a veces es duro calzar los de uno mismo. 
La naturaleza siempre va a estar ahí, con sus pajaritos, sus mariposas...
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